Ángela Ruiz es enfermera, intérprete, mentora y líder
Esta profesional trabaja en el Holy Cross Hospital de Germantown. La próxima semana obtendrá una maestría en administración hospitalaria.
“Las enfermeras somos los ojos de los doctores. Hacemos la diferencia en las vidas que tocamos”, así define Ángela Ruiz a su profesión. “Lo nuestro es una vocación de servicio, de aliviar el dolor, dar un abrazo, una sonrisa y una palabra de aliento”.
Ruiz trabaja desde hace cuatro años en el hospital de Holy Cross en Germantown, Maryland. Esta profesional tiene un desinteresado anhelo de extender la mano a quien más lo necesita. En su hospital, el 65% de pacientes es latino que avanza a tientas con el inglés. Ruiz se dio cuenta de esa necesidad y se inscribió al programa de intérpretes certificadas.

Un ejemplo es suficiente para entender lo importantes que son las enfermeras hispanas en un hospital: si un paciente latino tiene diabetes necesita seguimiento nutricional, farmacéutico, de ejercicio y control. Si esa información es dicha en inglés no entenderá ni la mitad, se irá a casa y todo se complicará. Por eso es vital que reciban las instrucciones en la lengua que hablan. “Allí es donde nuestro impacto es inmenso”, asegura Ruiz.
En su época de colegiala, en Colombia, se apuntó para estudiar dibujo arquitectónico. El destino cambió de curso y la llevó a España, donde trabajó en un hogar para ancianos. Allí descubrió que le satisfacía mucho dar alivio y atención otras personas.
“Ser enfermera es estar comprometida con los demás en los momentos difíciles, sin importar los días festivos, los aniversarios o los fines de semana. Esa es mi manera de aportar y devolver lo que he recibido. Las enfermeras estamos en los momentos de miedo frente a un diagnóstico, de tristeza cuando a una madre se le muere su bebé, de grandes decisiones cuando la familia duda si desconectar o no el respirador de su ser querido, de pánico junto a un chiquitillo de 20 años que tiene pavor de las agujas y de frustración de una hija porque su padre no sale de cuidados intensivos”.
Mentora de enfermeras jóvenes
Hace 10 años llegó a Estados Unidos. Sin saber ni los números en inglés, las oportunidades laborales eran escasas. Su esposo le sugirió estudiar algo para encaminarse profesionalmente. “Quiero ser enfermera”, se dijo y a Montgomery College se fue. Hizo sus prácticas en el Holly Cross Hospital de Silver Spring de la mano de un mentor que le sugirió sacar su título y volver. Así lo hizo.

Dos años después se cambió a Germantown, para estar cerca de casa y porque allí la mayoría de pacientes es latino. “Donde un médico o un paciente me necesita allá voy a traducirles”.
Otra parte de su trabajo es educar, guiar y entrenar a las enfermeras recién graduadas o a las que vienen de otros países. “En este tiempo estamos llenando los vacíos que dejó la pandemia, las estudiantes de enfermería no pudieron hacer las prácticas, les quedó ese espacio en blanco y nuestra obligación es ayudarlas a avanzar, invirtiendo gran parte de mi tiempo”.
En su unidad de cirugía, con enfoque en embolias (derrames) y condiciones neurológicas, trabajan 60 enfermeras y asistentes. Ella es la jefe en los turnos que le corresponden y para darle más solera a su profesión, la próxima semana Ruiz obtendrá su maestría en manejo hospitalario de Maryland University. “Son muchos años dedicados al estudio para ser una enfermera líder y ayudar a avanzar a otras como yo”.

La perseverancia es su virtud. Tiene un infatigable afán de crecer y piensa que eso tal vez le viene “del linaje hispano, tenemos mucha resiliencia, aprendemos el idioma, nos adaptamos a todo. En Colombia decimos que somos unos berraquitos (talentosos y valientes), trabajamos, tenemos hijos, un perro y nos queda tiempo para dar un poquito a los demás. Así soy yo”.
“Trabajar en equipo es nuestra fortaleza”
Después del caos monumental que significó la pandemia, con horarios interminables, salas llenas de enfermos que morían a la vista de médicos y enfermeras y el terror de llevar el virus a la casa, Ruiz tiene una actitud espartana: “La enfermería es una profesión de equipo, ese soporte que tenemos nos hizo salir a flote, nos hemos hecho más fuertes, nos hemos recuperado, aunque nunca olvidaremos esa experiencia”.
Asegura que han aprendido a sobrevivir y saltar los obstáculos. Tienen protocolos para enfrentar una emergencia, sin olvidar la gran lección: “somos vulnerables y solo sobreviviremos si trabajamos juntos”.

Ruiz no solo convierte en acción sus palabras en el hospital, sino con su tiempo como voluntaria de la iglesia adventista a la que asiste. Es parte de un grupo de enfermeras que vistan a las familias para educarlas sobre dolencias prevenibles, medicación y sus efectos secundarios o la importancia de los horarios para tomar las medicinas.
“Si la iglesia me dice alguien necesita curar una herida allá voy”. Tampoco dice no cuando la llaman del hospital en sus días libres para cubrir un turno, “es que después de la pandemia hace falta muchas enfermeras, trabajamos tres días de 12 horas y damos más del 150% para devolverles la salud a los pacientes”. Si quieres conocer más, esto te puede interesar: