Agarró una pincel y descubrió un mundo de oportunidades
La naturaleza muerta de frutas en estado de descomposición capturó la atención de Jon Rudnicki, un consejero de admisiones en la Escuela Superior de Arte de Maine que vino a Washington D.C. el otoño pasado para revisar los portafolios de estudiantes prospectos. Le llamó la atención el oscuro autorretrato titulado “Esclavos en Consentimiento”, el cual muestra al artista
Antes de que Rudnicki se diera cuenta, ya había pasado más de 20 minutos escuchando al joven delgado acerca de su aislamiento, frustración y optimismo – más de los típicos cinco minutos que permite para las reuniones con estudiantes.
“La intencionalidad detrás del trabajo era profunda. Él tenía una historia que contar”, dijo Rudnicki acerca de Rodriguez, un estudiante del último año de secundaría que se graduará el mes que viene. “Literalmente vi a miles de niños y miles de piezas de artes, y tiene un significado cuando la cara y el trabajo de un estudiante destaca. Lo quería ayudar a encontrar su voz”.
Rudnicki ayudó para que la Escuela admitiera a Rodriguez, de 21 años de edad, que huyó de la violencia en su país de origen, El Salvador, hace cuatro años y entró a los Estados Unidos ilegalmente para eventualmente ir a vivir con su tía en Maryland.
La escuela le ofreció una beca que pagaría cerca de la mitad del costo anual de 35 mil dólares durante cuatro años.
Y a diferencia de miles de otros inmigrantes indocumentados en edad universitaria, Rodriguez tiene una oportunidad de poder pedir un préstamo federal de estudiantes para cubrir el resto, gracias a un programa poco conocido pero con creciente demanda que le otorgará la residencia legal – y es más fácil para personas jóvenes accederlo en Maryland que en la mayor parte del país.
“Cuando hago arte me siento libre”, dijo Rodriguez, quien nunca había pintado antes de venir a los Estados Unidos. “Quiero formarme para ser un profesor de arte, tener mi propio estudio y enseñar a las personas de mi país la importancia de la educación. Eso es lo único que puede cambiar las cosas allá”.

Rafael Rodriguez, 21, habla acerca de su trabajo con la profesora de arte Harolyn Andrews de la Escuela Secundaria Noroeste durante la exhibición.
Rodriguez se despidió de sus padres en El Salvador en 2013, cuando la violencia entre bandas rivales llegó a la puerta de su casa. Un primo había sido asesinado, ahora lo estaban a él y no era seguro que asistiera a la escuela”.
“Necesitaba irme”, dijo. Luego de semanas moviéndose entre guaridas en el norte de México, pasando hambre y sufriendo amenazas por parte de contrabandistas, el adolescente fue capturado por un agente de Patrullaje Fronterizo de los Estados Unidos cuando se encontraba cruzando a Hidalgo, Texas. La Oficina de Reubicación de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos lo entregó luego de varios días a su tía Sandra Molina, quien vive en Hyattsville. Se le exigió a Rodriguez que se presentara en corte cuando fuera requerido mientras vivía con Molina y asistía a la escuela secundaria.
En la Escuela Secundaria Noroeste de Hyattsville, Maryland, se unió con otros estudiantes indocumentados recién llegados. La escuela estaba poco preparada para esa afluencia, sin un consejero que hablara español y pocos recursos para satisfacer las necesidades de los recién llegados.
Antes de tomar una clase de arte introductoria en su segundo año de secundaria, Rodriguez dijo que su único plan para el futuro era conseguir un trabajo que le pagara por hora.
Pero haber tomado un pincel por primera vez en su vida lo cambió. Jugaba con lápices, carbón, acuarela e ilustraciones. Y su profesora de arte, Michelle Amaya, lo notó. Alentó a Rodriguez a que audicionara por el competitivo programa de arte visual y escénico, el cual lleva el nombre del titiritero Jim Henson, graduado de la escuela.
“Algunas personas nacen con el talento”, dijo Jamea Richmond-Edwards, otra profesora del programa. “Dada la oportunidad y con un poco de dirección, el cielo era literalmente el límite para él”.

Fotografía del autorretrato de Rafael Rodriguez.
Rodriguez creaba paisajes coloridos y vívidos retratos de animales llenos de colores y luces. Su interés en temas ambientales lo llevó a representar desastres tanto naturales como humanos. En un dibujo, imaginándose el sufrimiento de un animal por un derrame de petróleo, se pintó a si mismo rebosado de petróleo negro sobre su cabeza y los hombros descubiertos.
También hizo un inquietante dibujo de una noche bajo la luna en un desierto mexicano cerca de la frontera. Y una pintura de él mismo atrapado “entre muros”. Eso y su autorretrato con las manos atadas en un nudo, ilustran la frustración e incertidumbre que Rodriguez dijo que define su vida mientras espera que su estatus de inmigración sea resuelto.
“Me siento atado”, explicó. “Sé que tengo las habilidades y la capacidad de hacer lo que yo quiera y continuar mi educación. Pero no puedo avanzar porque mis papeles deben salir primero”.
En 2015, Rodriguez faltó a un día de presentación en la corte – dijo que los familiares con los que se estaba quedando estaban de vacaciones y no tenía nadie que lo llevara a la corte.
Semanas después, una orden de deportación llegó a casa de su tía.
“Ahí fue cuando vinieron a verme”, dijo Diane McHugh-Martinez, la abogada de inmigración que ayudó a Rodriguez a aplicar al programa federal de alivio llamado “Estatus Especial para Jóvenes Inmigrantes”.
El programa ofrece a individuos solteros menores de 21 años la oportunidad de obtener una visa y un estatus legal si son víctimas de abuso, negligencia o si fueron abandonados y no pueden ser devueltos a sus padres.
Las personas que aplican necesitan una orden de su familia o de una división juvenil de la corte del estado que diga que no les interesa que vuelva a casa. También necesita un guardián legal en los Estados Unidos, ya sea apuntado por la corte o fijado de manera privada.
En 2013, ingresaron menos de 4 mil peticiones por este estatus especial para inmigrantes juveniles, y la mayoría fue aprobado. Luego de eso explotó la cantidad de jóvenes llegando de El Salvador, Honduras y Guatemala. En 2016, cerca de 20 mil individuos aplicaron al estatus especial. Más de 8 mil 600 peticiones se encuentran en espera, y cada vez más peticiones son negadas, en algunos casos debido a la cuotas específicas que tiene cada país.
En muchos estados, los inmigrantes superan la edad de corte familiar a los 18 y no pueden aplicar al estatus especial para inmigrantes juveniles una vez alcanzan esa edad. Pero Maryland pasó una ley en 2014 que permite a los inmigrantes apliquen hasta los 21 años.
Esto es lo que ayudó a Rodriguez, quien aplicó al estatus especial cuando tenía 18 años. Su solicitud fue aprobada el pasado otoño pero no ha recibido la visa que necesita para aplicar a la residencia permanente, un retraso que McHugh-Martinez dice que viene ocasionado por el volumen acumulado de casos similares, y que podría tardarse otro año o mas.

Rafael Rodriguez pintando en una de las casas de sus tías en el Condado de Prince George de Maryland, donde ha vivido desde que cruzó la frontera y fue detenido por el Gobierno de E.E.U.U. en 2013.
Una vez que Rodriguez obtenga su residencia, puede aplicar a préstamos estudiantiles para cubrir el resto del monto de su escuela de arte. Dijo que probablemente retrasarás su admisión un año. La Escuela de Arte de Maine le ha indicado que sostendrá su beca hasta que pueda ingresar.
Mientras tanto, Rodriguez ha completado un programa de entrenamiento de mano de obra del Joe’s Movement Emporium en Mount Rainier, donde estudió arte mientras se entrenaba en otras habilidades como realización de entrevistas y vocería pública.
Este jueves presentó su exhibición del último año de secundaria, y participará en muestras artísticas el mes que viene en Emporium. También está buscando poder ser el aprendiz de un artista consolidado del área.
“Creo que con la ayuda de Dios todo se va a dar”, dijo Rodriguez. “No es cosa pequeña que un estudiante indocumentado termine la escuela secundaria. Estoy optimista de que mis papeles saldrán pronto”.